Mujeres y energía

En septiembre de 2015, los gobiernos del mundo acordaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, dentro de la que se incluye un objetivo de igualdad de género, mismo que es necesario para el cumplimiento de los otros 16 Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus 169 metas. En la región, las mujeres destinan una gran parte de su tiempo al trabajo no remunerado, más concretamente a quehaceres domésticos, recolección de leña y agua, sobre todo en áreas rurales, y al cuidado de los hijos, adultos mayores, enfermos y personas con discapacidad. Esto implica que las mujeres dispongan de menos tiempo para realizar actividades económicas remuneradas.

Los estereotipos y los roles socialmente asignados a hombres y a mujeres están directamente vinculados con el acceso y uso que cada uno de los géneros le da a la energía. Para el sector energético se identifican dos dimensiones necesidades básicas, por una parte, y participación económica, por otra. En la primera, la recolección de leña recae principalmente en la mujer Para la segunda, existe baja participación de las niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), al igual que en el sector energético profesional, debido principalmente a temas de índole sociocultural, así como la falta de modelos femeninos a seguir, y la enseñanza que aún está impregnada de estereotipos.

La formación de grupos de mujeres tanto para la dimensión de necesidades básicas como de participación económica y académica ha ido en aumento en los últimos años. Este trabajo resume algunas iniciativas de las mujeres para formar asociaciones, cooperativas y redes, entre otros, con el fin de apoyarse mutuamente e incentivar que más mujeres se unan para incrementar su bienestar y desarrollo.

Conceptos y antecedentes

Los gobiernos del mundo acordaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, esta Agenda constituye el eje en torno al que se orientará la acción mundial para alcanzar sociedades inclusivas, poner fin a la pobreza y la  desigualdad. Con la finalidad de incorporar la Agenda 2030 y los ODS a la agenda regional de América Latina y el Caribe, se aprobó la Estrategia de Montevideo para la implementación hacia 2030. Avanzar hacia la igualdad de género contribuye a alcanzar todos los ODS, hecho que incrementa la importancia de trabajar en todo momento con una perspectiva de género y de inclusión.

En México, las mujeres destinan una gran parte de su tiempo al trabajo no remunerado, más concretamente a quehaceres domésticos, y al cuidado de los hijos, adultos mayores, enfermos y personas con discapacidad, lo que se evidencia en que de cada diez personas ocupadas en el mercado laboral, cuatro son mujeres. Esto implica que las mujeres dispongan de menos tiempo para realizar actividades económicas remuneradas, ya que deben optar por no trabajar de manera remunerada, trabajar a tiempo parcial o bien en la informalidad, lo que además conlleva que carezcan de servicios de seguridad social.

Esta situación coloca a las mujeres en franca desventaja e imposibilita garantizar el logro de las tres autonomías identificadas y promovidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL): física, política y económica. Se entiende por autonomía el grado de libertad que una mujer tiene para poder decidir y actuar de acuerdo con su elección.

Vínculo entre género y energía

Los estereotipos y los roles socialmente asignados a hombres y a mujeres están directamente vinculados con el acceso y uso que cada uno de los géneros le dan a la energía. Para el sector energético se identifican dos dimensiones: necesidades básicas, por una parte, y participación económica, por otra:

  1.  Necesidades básicas: esta dimensión se vincula al tema de pobreza energética, en la que la mujer históricamente ha sido la encargada de gestionar la energía (por ejemplo, recolectar leña) que además de ocupar gran parte de su tiempo, la pone en un riesgo físico y de la salud.
  2. Participación económica y académica: en esta dimensión la mujer es vista como contribuyente de diferentes sectores económicos, incluyendo el sector energético. La participación de la mujer también se vincula al sector académico, sobre todo en ciencias, tecnología, ingeniería y matemática. Todo ello se expresa en desigualdades en la participación económica en el sector energético.

La población ocupada se divide en tres sectores principales; primario, secundario (donde está comprendido el sector energía) y el sector terciario. Dentro del sector secundario, los hombres constituyen casi el 74% de la población ocupada (INEGI, 2019). Asimismo, los hombres cuadriplican la participación femenina, haciendo del sector de energía y agua un espacio preponderantemente masculino. Las condiciones desiguales que observa el campo laboral energético tienen como uno de sus múltiples orígenes las diferentes expectativas hacia hombres y mujeres en el ámbito escolar. Además, desde un punto de vista jerárquico, los hombres ocupan desproporcionalmente más puestos directivos que las mujeres. Por ende, la toma de decisiones y la concentración de los mandos directivos sigue siendo predominantemente una tarea de hombres.

Desigualdad en la participación estudiantil del sector energético

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha establecido que existe baja participación de las niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) (2019). Algunos de los factores identificados incluyen temas de índole sociocultural que alientan menos a las niñas a estudiar estas ramas del conocimiento, así como la falta de modelos femeninos a seguir, y la enseñanza que aún está impregnada de estereotipos, entre otros. Con relación al campo de ingeniería, en México se observa que el 72,35% de los matriculados son hombres, y el 53,2% de las becas son recibidas por hombres. Para el campo energético, en lo que toca a los estudios de posgrado, seis de cada diez estudiantes matriculados son hombres, en tanto que el 65% de los investigadores registrados en Sistema Nacional de Investigadores (SNI) son hombres (ANUIES, 2017).

Redes de mujeres en energía

La formación de grupos de mujeres tanto para la dimensión de necesidades básicas como de participación económica y académica ha ido en aumento en los últimos años. En el ámbito rural, las mujeres ahora forman parte de comités o asociaciones de energía o integran grupos específicos de mujeres para el desarrollo e implementación de algún uso productivo o comunitario que las beneficie a ellas y a sus descendientes. En este caso, hay grupos de mujeres que se han vuelto empresarias, aprendiendo además del funcionamiento de sus sistemas de electrificación mediante energías renovables.

En el ámbito de participación económica y académica existen grupos de profesionistas. Si bien cada tipo de grupo tiene su objetivo específico, es un hecho tangible que las mujeres se han empoderado dentro del sector energético y que se está dando un cambio de percepción y de expectativas sobre el papel de la mujer, ya sea dentro de sus viviendas y comunidades o bien dentro del ámbito profesional y académico.

Descargar publicación

Descargar publicación: Mujeres y energía