Informe sobre tecnología e información 2021: Subirse a la ola tecnológica – Innovación con equidad


9 de abril, 2021

El desarrollo humano de los últimos decenios ha ido acompañado de rápidos cambios en la tecnología y de una creciente proliferación de dispositivos y servicios digitalizados. Además, es probable que el ritmo del cambio se acelere como resultado de las “tecnologías de frontera”, como la inteligencia artificial (IA), la robótica, la biotecnología y la nanotecnología.

Estas tecnologías ya han aportado enormes beneficios, que se pondrán de manifiesto de manera espectacular en 2020 con el desarrollo acelerado de las vacunas contra el Coronavirus. Ahora bien, los avances rápidos pueden tener serios inconvenientes si superan el ritmo de la capacidad de adaptación de las sociedades. Se teme, por ejemplo, que los puestos de trabajo estén desapareciendo a medida que se automatice la actividad económica o que los medios sociales estén agudizando las divisiones, la inquietud y la duda. En general, cunde la preocupación porque las tecnologías de frontera amplíen aún más las desigualdades o creen otras nuevas.

La mayoría de estas cuestiones se han expresado en los países desarrollados. Las consecuencias, obstante, podrían ser aún más graves para los países en desarrollo; si las comunidades y los países pobres se ven desbordados o  simplemente se les deja atrás. En el presente informe se examina la forma en que los países en desarrollo pueden subirse a la ola de las tecnologías de frontera y compaginar innovación con equidad en sus intentos por lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

1. Subirse a la ola

Se vive en una época de espectaculares avances tecnológicos, concentrados en su mayoría en los países desarrollados. No obstante, las grandes diferencias entre los países que se ven hoy en día comenzaron con el inicio de la primera revolución industrial. En ese momento la mayoría de las personas eran iguales en su pobreza y las  diferencias de ingreso per cápita entre los países eran mucho menores. Luego, con las sucesivas oleadas de cambios tecnológicos, Europa Occidental y sus ramificaciones —Australia, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelandia — junto con el Japón, se pusieron al frente. La mayoría de los demás países permanecieron en la periferia. Cada ola de progreso se asoció con una desigualdad más aguda entre los países —con disparidades cada vez mayores en el acceso a los productos, servicios.

Revoluciones en dos fases

No hay unanimidad sobre la dinámica de la desigualdad económica, que se ve afectada por muchos factores, como la guerra y las epidemias, así como por procesos políticos influidos por luchas de poder e ideologías.

La globalización y el cambio tecnológico también han sido señalados como factores determinantes de las  desigualdades de ingreso dentro de los países. No obstante, esos impulsos simultáneamente han contribuido a reducir la pobreza en los países de ingreso bajo; no solo en los países más grandes y de desarrollo más rápido, como China y la India, sino también en muchos otros, como los africanos, como así lo demuestra el impacto que han tenido los teléfonos inteligentes.

Al mismo tiempo, la desigualdad también se ve afectada por las revoluciones tecnológicas. Los cambios tecnológicos se conjugan con el capital financiero para crear nuevos paradigmas tecno-económicos, esto es, el entramado de tecnologías, productos, industrias, infraestructuras e instituciones que caracterizan a una revolución tecnológica. En los países que se encuentran en el centro de estas nuevas olas tecnológicas, puede considerarse que esta revolución se manifiesta en dos fases:

  • La primera es la fase de instalación en cuanto tecnología adoptada por los sectores principales; lo que amplía las diferencias entre los trabajadores de estos sectores y el resto.
  • En segundo lugar está la fase de implantación, que también tiende a ser desigual; no todo el mundo tiene acceso inmediato a los beneficios del progreso, como, por ejemplo, a un tratamiento que salva vidas o el acceso a agua limpia. El resultado es un aumento de las divisiones, lo que puede acarrear el descontento ciudadano.

En la actualidad, el mundo está llegando al final de la fase de implantación de la “Era de las TIC” e inicia la fase de instalación de un nuevo paradigma, que incluye tecnologías de frontera, revolución a veces denominada cuarta revolución industrial o Industria 4.0. La implantación de las TIC supuso una enorme concentración de riqueza en manos de las principales plataformas digitales. ¿Qué efectos tendrá la cuarta revolución industrial en la desigualdad entre países? Dependerá principalmente de si el país está convergiendo o avanzando o si, por el contrario, se está quedando descolgado, lo que a su vez dependerá de cuáles sean sus políticas nacionales y de su participación en el comercio internacional.

Respuesta a las desigualdades

En cierta medida, los Estados pueden mitigar las desigualdades dentro de los países mediante una fiscalidad progresiva para los ingresos o el patrimonio o los rendimientos del capital. También pueden prestar gratuitamente una serie de servicios, como la educación. Los Estados también pueden aumentar las transferencias sociales, como las prestaciones de desempleo, que reducen el riesgo de que las personas caigan en la pobreza. Además, en el lugar de trabajo estas medidas pueden complementarse con una acción sindical más fuerte que contribuya al aumento de los salarios.

Reducir la desigualdad de ingreso entre los países comportará aprovechar la tecnología y el comercio para favorecer la transformación estructural. Para que los países en desarrollo puedan crear economías que ofrezcan a su población empleos mejor remunerados, tendrán que rentabilizar el nuevo paradigma tecnológico. Los países en desarrollo o continentes enteros, como es el caso de África, no pueden permitirse el lujo de no subirse a esta nueva ola de cambio tecnológico.

2. Avanzar con determinación por las fronteras digitales

Las “tecnologías de frontera” son un grupo de nuevas tecnologías que aprovechan la digitalización y la conectividad, lo que les permite combinarse para multiplicar sus impactos. En el presente informe se abordan 11 de estas tecnologías: la inteligencia artificial (IA), internet de las cosas (IdC), los macrodatos, la cadena de bloques, la telefonía de quinta generación (5G), la impresión tridimensional (3D), la robótica, los drones, la edición genómica, la nanotecnología y la energía solar fotovoltaica.

Esas tecnologías pueden utilizarse para aumentar la productividad y mejorar los medios de vida. La Inteligencia Artificial (IA), por ejemplo, combinada con la robótica puede transformar los procesos productivos y comerciales. La impresión 3D permite una producción de bajo volumen más rápida y económica, así como la creación rápida e iterativa de prototipos de nuevos productos. Como grupo, estas 11 tecnologías ya representan un mercado de 350.000 millones de dólares, mercado que de aquí a 2025 podría crecer hasta superar los 3,2 billones de dólares.

3. Humanos y máquinas en el trabajo

El cambio tecnológico afecta a las desigualdades a través de sus repercusiones en el empleo, los salarios y los beneficios. Estas desigualdades podrían observarse entre profesiones, empresas y sectores, así como entre asalariados y propietarios del capital. Otro nivel en el que aparece la desigualdad es el de las diferencias entre las estructuras económicas de los países. La contribución de cada uno de estos y otros elementos de la desigualdad de ingresos depende de muchos factores, como el nivel de desarrollo del país, su estructura económica y sus políticas sociales, económicas y laborales, así como el tamaño de un determinado sector o de sus empresas. Es por ello por lo que en un determinado momento y país el cambio tecnológico podría propiciar un aumento o una disminución de la desigualdad.

¿Es esto muy diferente de lo ocurrido con las anteriores olas tecnológicas? En principio, no, pero los canales y mecanismos son similares. Ahora bien, cada ola de cambio tecnológico entraña desigualdad, aunque en nuevas formas.

4. Innovación con equidad

Las tecnologías de frontera presentan un enorme potencial para mejorar la vida de las personas y proteger el planeta. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, se han utilizado la IA y los macrodatos para examinar a los pacientes, hacer un seguimiento de los brotes, rastrear y localizar los casos de la enfermedad, predecir su evolución y evaluar los riesgos de infección. Otros ejemplos que pueden destacarse han sido el uso de sistemas de internet de las cosas para un control permanente de la calidad de las aguas subterráneas en Bangladesh o el uso de drones para repartir suministros médicos a comunidades radicadas en zonas alejadas de Rwanda y Ghana.

Ahora bien, la tecnología rara vez es una solución por sí sola. Problemas como la pobreza, el hambre, el cambio climático o las desigualdades en materia de salud o educación son inevitablemente complejos y multidimensionales. La tecnología, de frontera o de otro tipo, puede apoyar iniciativas de todo tipo, sociales, políticas o ambientales, pero toda tecnología debe ser utilizada con cuidado si se quiere que sea útil, por lo que no debe ser un obstáculo ni surtir efectos secundarios no deseados.

Es probable que las tecnologías tengan repercusiones sobre las disparidades, pero las desigualdades también pueden conformar las tecnologías, pues pueden reflejar, reproducir y tal vez amplificar el sesgo y la discriminación sistémica. Actualmente, la mayoría de las tecnologías son creación de empresas del Norte global y predominantemente masculinas.

Tienden a centrarse en las demandas de los ricos, desplazando las innovaciones que podrían redundar en beneficio de los pobres. El cambio tecnológico también está determinado por las desigualdades de género, en parte porque los hombres han sido más propensos que las mujeres a estudiar materias científicas y tecnológicas, o ingeniería y matemáticas.

Retos para los países en desarrollo

Los países en desarrollo se enfrentan a tres retos principales para promover la igualdad de acceso a los beneficios de las tecnologías de frontera:

  • Pobreza económica. Muchas personas de los países en desarrollo no pueden permitirse nuevos bienes o servicios, en particular los de las zonas rurales. En este caso las barreras no son tecnológicas sino económicas y sociales.
  • Brecha digital. Muchas tecnologías de frontera necesitan imperativamente conexiones a internet estables y de alta velocidad, pero casi la mitad de la población mundial sigue sin disfrutar de ningún tipo de conexión a la Red. Muchos países en desarrollo carecen de una infraestructura digital adecuada y para la mayoría de sus habitantes los costos de conexión a Internet son prohibitivos.
  • Escasez de habilidades. En los países en desarrollo, los conocimientos básicos y las habilidades normales son, en promedio, entre 10 y 20 puntos porcentuales inferiores a los de los países desarrollados. Muchas tecnologías de frontera exigen al menos habilidades de lectura y escritura y de cálculo matemático. Otras tecnologías requieren habilidades digitales, como la capacidad de entender los medios digitales, de encontrar información y de utilizar estas herramientas para comunicarse con otras personas.

5. Prepararse para el futuro

Si bien es cierto que los avances tecnológicos son esenciales para el desarrollo sostenible, también lo es que pueden propiciar el enquistamiento de las desigualdades o la aparición de otras nuevas, bien al limitar su acceso a los grupos más privilegiados y a los países prósperos, bien al incorporar sesgos o acarrear consecuencias no deseadas. Por consiguiente, la tarea de las autoridades públicas es maximizar las ventajas potenciales y atenuar al mismo tiempo los resultados perjudiciales, además de garantizar el acceso universal. Los países, independientemente de la fase de desarrollo en que se encuentren, deberían promover el uso, la adopción y la adaptación de tecnologías de frontera y preparar a personas y empresas para el futuro. Un requisito importante es una gobernanza nacional que sea eficaz; el Estado debe establecer la visión, la misión y el plan para crear y configurar un mercado de innovaciones inclusivas y sostenibles.

Los Estados también tendrán que invertir en recursos humanos y físicos. Para ayudarles a conseguirlo, los países en desarrollo deberían poder recurrir a la cooperación internacional, que implica una comunidad de países que cooperan para construir un marco institucional internacional y que incluya a los países con independencia de las fases de desarrollo tecnológico en la que se encuentre.

Esas políticas y planes oficiales deberán estar respaldados por un vigoroso activismo social, en virtud del cual haya personas y organizaciones que cooperen para identificar los desfases entre la innovación tecnológica y las respuestas de la sociedad. Para que los Objetivos de Desarrollo Sostenible sean siempre los principales principios orientadores será necesario que las organizaciones de la sociedad civil realicen una labor de vigilancia.

Descargar publicación

Descargar publicación: Informe sobre tecnología e información 2021: Subirse a la ola tecnológica – Innovación con equidad


Suscríbete para conocer nuestros eventos


Mantente informada de las novedades